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lunes, 5 de marzo de 2012

Salvador y Rio, la vida en chanclas

Juntos en Salvador esperamos la llegada de Guiem, un amigo que hemos echado bastante de de menos. La huelga de policía militar parece que está llegando a su fin unos días antes del carnaval, el balance 146 muertos en diez días de inseguridad. Paseamos por el Pelouriño, el casco antiguo de Salvador vibrando con los grupos de percusión que recorren sus calles, justo antes de ir al aeropuerto a recibirlo. Se abren las puertas de llegadas y empiezan las risas y abrazos, tras tres vuelos, buena cara para alguien a quién no entusiasman los aviones.
Quedan cinco días para Carnaval, dedicamos uno a visitar Salvador, ponernos al día y enloquecer con un concierto de Carlinhos Brown, aquí en su casa. Al día siguiente, ponemos rumbo a Morro de Sao Paulo, una isla paradisíaca situada a dos horas de ferry de Salvador. Sus pequeñas dimensiones, su ambiente y su gente la convierten en un destino perfecto. Pasamos tres días en la playa, tirados en la arena, consumiendo cocos y aprendiendo a jugar a futvolley, un deporte que en este país alcanza otra dimensión. El tiempo transcurre lentamente en esta porción de tierra perdida en el océano, sin embargo, llega el día de volver. Una lástima. En el camino de vuelta, un mar embravecido parece querer pasar factura a la gente por tanto disfrute, consiguiendo palidecer las pieles bronceadas de los pasajeros. Se agotan las bolsitas de plástico.
Llegamos a Salvador. Un ambiente festivo inunda las calles. Música, disfraces, amigos y familias compartiendo cerveza fría en la calle bajo un sol asfixiante. La ciudad se está preparando para recibir el acontecimiento del año. En unas horas el país va a enloquecer durante una semana y su gente se va a entregar en cuerpo y alma a su fiesta más deseada. Vamos a la casa, preparamos algo rápido para comer y nos engalanamos. Canciones brasileiras de carnaval suenan fuerte mientras nos colocamos la fantasia, camiseta o disfraz necesarios para participar en el Blogo. En Salvador, el Carnaval consiste en el desfile diario de varios Blogos por sus calles. Los Trios Eléctricos, grandes camiones con un escenario arriba, van circulando lentamente mientras un artista de renombre canta durante todo el recorrido para la gente del blogo. Esta, ataviada con una misma camiseta, rodea el camión, cantando, bebiendo y festejando. Las calles son un mar de gente. Recorremos Barra, una avenida en primera línea de mar bajo la mirada de miles de personas que bailan y cantan desde balcones, palcos y resto de calles.
Al día siguiente, participamos en un blogo algo diferente. Dani un amigo gallego que lo dejo todo para venir a Brazil con Claudia, una beleza brasileira de Salvador con quien se ha casado, llega hoy desde Rio. Nos han invitado a participar en un blogo algo más informal. Nos cita en un lugar y al llegar encontramos  un centenar de hombres vestidos de novia sembrado la locura en la calle. Armandas con botes de espuma y falos de todo tipo, cortan la circulación, paran coches y los redecoran, bailan sobre los camiones, acosan a viandantes… En medio de este ambiente festivo aparece Dani con nuestras fantasias. Nos las ponemos y nos transformamos. Empiezan unas horas de locura y desfile por las calles de Salvador.
Un día más tarde, después de pasear por la parte más negra de Salvador, volamos hacia Rio. Llegamos muertos. Dani y Claudia nos ha dejado su piso, mientras están en Salvador. Si Brazil es caro, en carnaval los precios son una locura. Pasamos dos días en Rio, donde el Carnaval es más callejero y libre que en Salvador. La fiesta está en la calle y es abierta. No es tan puro, pero es más accesible. Después de alguna fiesta en la playa, nos vamos a Ilha Grande, a recuperarnos de tanto exceso. Una isla donde no hay otra cosa que hacer que caminar hasta sus diferentes playas a través de la selva, tirarse en la arena, jugar a palas o todas estas actividades que adoramos. Pasamos dos días de calma y relax. Damos con un pequeño restaurante que prepara una especie de arroz de pescado y mariscos que nos hace saltar las lágrimas. Se acerca el fin del viaje y últimamente estamos hablando mucho de los platos que echamos de menos y que comeremos al llegar. Para el último día, reservamos una tarde de pesca. Llegamos al barco y el capitán, un tiburón sonriente de prominente barriga y extraño sentido del humor, nos hace esperar una horita. Al final, llegan unos cuantos amigos suyos que también vienen a pescar. Ya que tengo a los turistas que pagan, llamaré a los amigos para ir a pescar, debió pensar. Media hora más tarde, llegamos al lugar, nos dan los volantines y nos dicen que ya podemos empezar a pescar. ¿Y el cebo? Preguntamos. No es necesario, responden. ¿¿Cómo?? Ya nos vemos haciendo el indio toda la tarde en la barca sin pescar nada. Somos pescadores de reconocido prestigio en el Mediterráneo y sentimos que nos están tomando el pelo como a unos turistas más. Resignados, hacemos las primeras caladas. A la media hora, para nuestro asombro, empiezan a picar. Es algo increíble. Con un gran banco de peces rojos a unos cuatro metros de profundidad, es tirar y sacarlos de tres en tres… Hay momentos de auténtica locura. Pasamos algunas horas. Una gran tormenta que se aproxima acaba con todo. Es momento de plegar y dirigirnos a puerto antes de que nos caiga toda esa agua en la cabeza. Los rayos avisan con antelación. De camino a puerto, limpiamos los pescados y los cocinamos en una pequeña parrilla habilitada en el barco. Recién pescados saben a gloria. Al día siguiente, volvemos en Rio.
Es el último día de Guiem, y nos toca un tour por la ciudad. Nos levantamos pronto y visitamos las atracciones más famosas de Rio. El Pan de Azúcar, El Cristo de Corcovado, Maracaná y el Sambódromo. Rio es una ciudad bellísima. Las ciudades que tienen un rio, un lago o el mar son diferentes. Rio, tiene muchísima playa, kilómetros y kilómetros. Las famosas Botafogo, Flamengo, Copacabana o Ipanema rodean el núcleo urbano. Son centro de reunión y diversión. Amantes del sol y del deporte, los habitantes de Rio disfrutan en la arena. Mucho ejercicio, muchos grupos de amigos sentados charlando, parejas queriéndose en la arena y niños jugando con las olas. Un lugar de desestress para una sociedad muy competitiva. Desde el Pan de Azúcar y desde el Cristo se puede observar la ciudad. Vista desde arriba es aún más bonita. Quizás sea lo que hace que no sea otro monumento más. Es cierto, que verlo al atardecer o iluminado por la noche desde la playa de Copacabana, como si de un guardián protector de la ciudad se tratara, es algo especial. Sin embargo, no creemos que esté a la altura del resto de Maravillas del mundo que hemos tenido la suerte de visitar este año. Dicho esto, es muy recomendable. Acabamos el día visitando los exteriores de Maracaná, que está en obras pues será sede de la final del mundial de fútbol dentro de dos años, y el Sambódromo, epicentro del Carnaval en Rio. Despedimos a Guiem que después de dos semanitas vuelve a casa. Han sido dos semanas fantásticas. Muchas risas, muchas batallitas y muchos planes de futuro que nos hacen sentir más cerca de casa. Guiem se va con una sonrisa, ha disfrutado y nos ha hecho disfrutar. Gracias Nataly!
Con la despedida de Guiem, damos el viaje prácticamente por acabado. Ya no nos moveremos de Rio. Esta es, la última parada. En unos días… Volvemos a casa!!!





















jueves, 9 de febrero de 2012

Brasilia y Salvador de Bahia, punto de encuentro



Varios meses separados hacen que uno se dé cuenta de lo mucho que reconforta estar con tus amigos, tu familia durante todo este tiempo. Cada uno de nosotros ha tenido tiempo de recorrer parte del camino en solitario en varias ocasiones y ya es hora de juntarnos de nuevo para afrontar la parte final del viaje.
 
Brasilia, nuestro  punto de partida en Brasil, nos dio la oportunidad de forjar nuevas amistades y disfrutar de una ciudad distinta, totalmente planificada. La tercera y actual capital histórica del país no tiene más de 50 años de historia y posee gran cantidad de obras arquitectónicas modernistas y un práctico diseño urbanístico. Un par de días de paseo y encuentros con nuevos amigos fueron suficientes para empezar a comprender  el país que estamos a punto de descubrir. Aunque Brasilia sea una ciudad administrativa se empieza a respirar el optimismo y alegría que envuelve esta población.
 
Un día en autobús me separaba de Salvador, ahí me encontraría con Albert y Jaume, aunque  antes de eso tocaba conocer a tres personas importantes que se iban a cruzar en el camino. 

En mi intento de encontrar un lugar donde pasar El carnaval sin tener que sufrir los precios astronómicos que se barajan en estas fechas, encontré a Katyl, Ana Milena y Laura, tres chicas que me abrieron las puertas de su casa y aceptaron reunirnos a todos durante el carnaval. Katyl, brasileña y dueña de la casa, aceptó mi petición de quedarnos en su casa asi como  Laura y Ana Milena, sus dos compañeras de piso, dos colombianas universitarias que están finalizando sus estudios en Salvador como antropóloga y bailarina respectivamente.


Dos días alrededor de Salvador fueron lo que tuve que esperar hasta la llegada de Jaume. Después de compartir nuestras experiencias vividas cada uno en solitario, recorrimos la cuidad durante unos días, disfrutamos de la playa y de los ensayos del carnaval. El ritmo que tiene esta ciudad es insaciable, y la percusión es una constante en sus noches de fiesta.


Después de unos días en Salvador y escapando un poco Del caos de la ciudad, decidimos  marcharnos a Valle do Capado, un pueblecito de no más de 4 calles lleno de hippies, rastafaris y rodeado por decenas de lagunas y cataratas. Pasamos cuatro días disfrutando con la tranquilidad y la amabilidad de la gente así como de los parajes increíbles de la zona. La verdad que después de tantos días en una gran ciudad como Salvador agradecemos estos días de calma.


Con las pilas recargadas otra vez, es tiempo de volver a Salvador para reunirnos con Albert y  volver a juntarnos de nuevo los tres. Y eso no es todo, en sólo unos días esperamos la visita de Guiemet, en lo que sin duda será uno de los grandes momentos del viaje. Pero eso será otra historia.