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sábado, 25 de junio de 2011

Don Det: Sant Joan en Laos

Después de descansar dos días en Banlung, para que Jaume e Iñaki se recuperaran de la paliza, partimos hacia Laos. Nuestro destino es la isla de Don Det. Para llegar, requerimos 3 furgonetas, un autobús y una balsa rápida. Muchas veces no hay que desesperar, puesto que las comunicaciones no funcionan exactamente como en los países occidentales, pero mejor o peor funcionan. La segunda furgo nos deja en la frontera, una frontera en medio de la nada, una frontera de andar por casa. Al cruzar, nos avisan que en dos horas aparecerá un bus, y se van. Al cabo de las dos horas, aparece. En él, viajan unos cuantos “backpackers”. El bus, a algunos, nos deja en medio de una carretera muy poco transitada. Parece de nuevo que nos tocará pasar la noche al raso, pero a los 10 minutos aparece otra furgo… No hay que perder la fe.
                               
Una balsa nos cruza a la isla. En Vietnam visitamos la desembocadura del Mekong, que nace en Thailandia y serpentea por Laos y Camboya. Este rio de chocolate, que a primera vista no entusiasma, va ganando en encanto con el tiempo. Quizás por la calma que contagia, quizás por el avance silencioso y constante de sus aguas, quizás por sus riberas vírgenes o por las estampas que dejan las balsas que lo navegan. Encontramos hostal, y volvemos rápido al rio. Lo mejor del lugar, son las puestas de sol. El cielo se tiñe de azules, amarillos, rojos y malvas. Parece el lienzo de un pintor que está jugando con los colores. La sensación de paz es total, no hay ruido, nadie habla. Cenamos algo y nos vamos a dormir. No hay prácticamente nada que hacer en estos lugares, después de la caída de sol.
                                 
Día 23 de Junio, nos levantamos agitados. Sabemos que día es hoy, lo tenemos en mente desde el día que salimos. Un día importante. Pasará poco, pero hoy es uno de los días en que somos nosotros quienes miramos con envidia y nostalgia. Muchos de nuestros amigos en estos momentos están celebrando las fiestas de “Sant Joan” en Ciutadella ( Menorca ). Alquilamos unas bicicletas y recorremos la isla, intentamos pensar en lo afortunados que somos, pero no funciona. Con nosotros viene Jero, un suizo de varios parecidos razonables, que se nos ha unido. Hay muchísima gente que viaja sola, y que necesita compañía, por lo que se va adhiriendo temporalmente a otros grupos, o los van formando. Últimamente la gente nos busca. Después de pedalear de una punta a otra, sobre las cinco, decidimos que es hora de celebrar nuestro particular “Sant Joan”. Sacamos de la maleta la botella de “Gin Xoriguer“ que nos trajo Pepe, y conseguimos limonada y hielo. Con los pañuelos enfundados, los hemos llevado todo el día y no nos los quitaremos hasta el 24 por la noche, brindamos por este día, por este Santo, por Ciutadella, y por todos nuestros amigos que lo están disfrutando. Sort i ventura! Empezamos a descontar días para el año que viene…  A la celebración se une un joven local que sufre alguna deficiencia mental. Tras ir rebotando de local en local, encuentra refugio y diversión entre nosotros. La celebración dura toda la tarde, cantamos, recordamos, reímos y prometemos. 
                                         
A la hora de cenar, nos sentamos en un bar que anuncia en un cartel sus albóndigas con cebolla. El plato es carísimo para lo que acostumbramos a pagar, 9 USD por cabeza. Con este dinero hacemos las 3 comidas de un día, pero quizás porque el bar es de un australiano que no está dispuesto a regatear, porque la gente del bar nos lo recomienda insistentemente y porque estamos de fiesta, tiramos la casa por la ventana. Nos caen las lágrimas! Está buenísimo. Hace 3 meses que no comemos carne así. Y viene con su puré de patatas!! Lo más parecido que hemos probado a cocina casera desde que salimos. Nos relamemos… Y como nuestra conciencia está de fiesta, pedimos un segundo plato! Al final, el australiano se reblandece y nos cobra doce dólares por los dos platos.
                          
Al día siguiente, nos desplazamos hasta Champasak. Hay unas ruinas que valen la pena, y nos viene de paso en nuestro camino. Pasamos una tarde tranquila, caminando entre las ruinas y la jungla, mientras no podemos evitar hablar de tantas y tantas anécdotas que nos han pasado en estas fiestas y repasar en cada momento lo que estará pasando a miles de kilómetros. El momento de la paella nos duele especialmente… El día siguiente, lo pasaremos sentados en un autobús, 19 horitas… Hay que ganar algo de tiempo, pues el día 8 nos espera en Bangkok la Srta. Edita Valachova. 
                                
P.D: Gracias a todos los que en esta fechas os habéis acordado de nosotros. En el momento duele, pero se agradece. Tampoco reconoceréis que los mails, mensajitos y demás llevaban algo de mala leche, así que… Gràcies!
                 
P.D2: Estamos escribiendo desde el autobús. Llevamos todo el día aquí metidos, y aún nos quedan doce horitas..